27 de octubre de 2007

Jugándonos la vida por Proyectos (segunda parte)

Pero si mi confianza en el Torero estaba blindada con todo un año ploteando en su copistería, desde el momento en que subimos al autobús notamos una atmósfera extraña.
El primer hecho que nos hizo dudar fue la ausencia de profesores. Con su habitual aire de escepticismo y su frívola sonrisa, Mario, en representación del profesorado, subió al autobús del Torero para comunicarnos que, por motivos extraoficiales, los tres profesores viajarían en coche, dejándonos a la deriva en dos peligrosos autobuses.
Mis compañeras de viaje, por su parte, pudieron ver como el segundo autobús, el que ellas pretendían coger, nos adelantaba a una velocidad trepidante mientras nuestro chófer trataba de arrancar el nuestro. El viaje a Mourão prometía ser una frenética carrera sin final muy claro.
Tobalo dormía en la parte de atrás, Roberto decía anormalidades mientras Coco, esto simplemente lo supongo, investigaba la forma de matarlo... todo transcurría según lo previsto, cual excursión de niñas del Colegio de la Saye se tratara, hasta que, rondando las diez y media de la mañana, nuestro chófer decidió, sin dar explicación alguna, hacer una pequeña parada para que saturáramos las colas del servicio de un pobre bar de carretera y, en mi caso, compráramos víveres para el viaje. Nunca me alegraré más que aquél día de haber comprado un bocadillo de chorizo.
Un cuarto de hora después de subir de nuevo en el autobús, todo ocurrió.
En tan sólo un instante, aún aturdidos por la hostil atmósfera extremeña que habíamos respirado minutos antes, vimos pasar delante de nuestros ojos la guadaña de la muerte, que por suerte para todos, sólo nos visitó de paso, a la vez que un coche de tamaño considerable, pilotado por un agricultor con serios problemas de vista, se cruzaba delante de nuestro autobús, que se dejó guiar por la inercia para arrastar al coche y su carro hacia el abismo.
En algún lugar entre Segura de León y Bodonal de la Sierra, el Torero se disponía a adelantar, por el carril izquierdo de una estrecha carretera, a aquél todoterreno blanco que arrastraba un pequeño carruaje verde lleno de sacos de pienso. Sin dar tiempo para la reacción, el conductor suicida viró su volante hacia la izquierda dibujando un ángulo que, muy a pesar de nuestro chófer, nunca llegó a ser de noventa grados, como pretendía el pobre hombre que contempló como un autobús albiverde golpeaba su vehículo hundiendo su puerta trasera y obligándolo a caer por la cuneta.
Anonadados, giramos todos la cabeza hacia la ventanilla donde vimos caer el 4x4 , en cuyo interior un anciano agricultor inclinaba su cabeza sobre el cuadro de mandos. Después de arrastrarlo diez o doce metros, el Torero frenó y nuestro chófer, que intentaba tranquilizarnos, se levantó de su asiento y comenzó a dar vueltas por el autobús sin saber muy bien qué hacer. Con esa estrategia, no consiguió tranquilizar a cincuenta estudiantes que estaban presenciando aquella macabra imagen; lo que sí nos tranquilizó fue ver que el hombre comenzaba a moverse desde dentro de su coche accidentado. Cuando el chófer se percató, cambió radicalmente su estrategia:
"¿Sois todos testigos? - nos preguntó, mientras respondíamos afirmativamente como un firme ejército con el único propósito de que abriera de una vez la puerta del autobús - ¿declararíais que la culpa ha sido suya? ¿Sí? Bien, bueno, que no panda el cúnico. Voy a bajar, quedáos todos quietos."
Por supuesto, y como era de preveer, todos bajamos tras él, sobretodo porque comprendíamos que en su estado - estába peor que el hombre del coche -, no podía pensar con fluidez y necesitaría ayuda. Al bajar, pudimos ver cómo el carruaje se había empotrado contra la delantera de nuestro autobús, perdiéndo dos de sus ruedas y permitiendo que el coche al que iba enganchado no cayera completamente por la cuneta. Probablemente ese hecho fue el que salvó la vida de su conductor.
En pocos minutos, de las huertas comenzaron a salir campesinos, pueblerinos extremeños que querían contemplar la novedad del mes. Estudiantes, campesinos y familiares del accidentado comenzaron a saturar aquella carretera maldita.
Por suerte, pronto llegó la Guardia Civil, y digo por suerte, ya que sin su presencia, probablemente el hijo del agricultor herido hubiera intentado matar - destripar, según sus palabras textuales - a nuestro chófer, a juzgar por el estado en que llegó al lugar de los hechos.
Después de mucha palabrería entre chófer, Guardia Civil y conductor entumecido, se le adjudicó a éste último la culpabilidad del altercado y sus hijos lo llevaron a Segura de León, hacia donde se dirigía ya una ambulancia. Los hechos parecían ya aclarados cuando uno de los guardias nos dijo, sin pensar la conmoción que estaba a punto de generar, que nuestro apreciado autobús "el Torero" no podía continuar su trayecto, y que tendríamos que estar por un tiempo todavía indeterminado en la cuneta hasta que terminaran de esclarecer los hechos y pudieran enviarnos al autobús de rescate...


No te pierdas el final de la trilogía... sobrevivir en la cuneta.

23 de octubre de 2007

Jugándonos la vida por Proyectos (primera parte)

Pum!! Aaaaaaah ¿Qué ha sido eso? ¡Mira, una rueda...! -Que no panda el cúnico - dijo el conductor, y tras mucho meditar y dar vueltas como pollo sin cabeza por el autobús, sentenció - ¿Sois todos testigos de que la culpa la ha tenido el otro coche? Bien, en ese caso salgamos a ver si sigue vivo...

Fue el momento más emocionante de nuestro maravilloso viaje a Portugal.

Todo comenzó semanas antes, cuando nuestra señorita Monse nos comunicó que partiríamos un lunes hacia Mourão, pueblo luso fronterizo con Extremadura (esa tierra donde los profesores de autoescuelas se ven obligados a emigrar por falta de trabajo) al que nos dirigiríamos para realizar un magnífico proyecto a los pies de un tétrico castillo medieval. La emoción por hacer esa excursión se palpaba en cada clase de proyectos, pero como todos sabemos el tiempo pasa rápido, y las emociones cambian con él.
Y es que, después de dos semanas de huelgas, que aún parecen no tener fin, después de esos viajes de 12 horas a Madrid, a más de uno comenzaba ya a pesarle el viajito a Portugal.

Ese lunes llegó, y a la hora prevista estábamos todos en la puerta de nuestra preciada escuela. 90 personas, 2 autobuses. Fue aquí cuando cada cual, por diferentes motivos, escogió su propio sino. Aprovecho este momento para pedir perdón a Sandra, Nuria, Belén y Diana. Y he de hacerlo porque ellas cuatro, que me acompañaban, tenían claro que aquél autobús superlimpio, depurado, de un intenso color azul eléctrico y de aspecto tan cuidadado era su favorito. Y se hubieran subido de inmediato si no fuera porque yo, en un arrebato de solidaridad con mi eterno amigo, el calvo de la copistería, decidí subirme en el otro autobús. Ese autobús que nadie miraba, ese viejo cacharro blanco a rayas verdes con los espejos arañados y los asientos comprimidos, ese autocar antidiluviano de angostas escaleras y una descuidada serigrafía que rezaba: "El Torero"

Llegados a este punto tengo que hacer una aclaración: "El Torero", el auténtico Torero, es ese señor don calvo que hace fotocopias justo en frente de la ETSA. Al menos esa es la versión que todo el mundo tiene en su cabeza; pero los que lo conocemos bien sabemos que lo de las fotocopias es solo una tapadera del imperio que ese buen hombre está levantando. En su copisteria podemos desde imprimir archivos de autocad hasta leer revistas de tauromaquia (de ahí el sobrenombre), pasando por sacarnos una foto de carnet o comprar figuritas de Mickey Mouse, en su versión de capote y espada.
Aclarado esto, comprendereis mejor por qué decidí montarme en aquél autobús; lo que nunca llegareis a comprender es por qué me hicisteis caso y no cogísteis el autobús azul...


...esta historia continuará cuando me recupere del trauma



Dejad vuestros comentarios y vuestras experiencias cercanas a la muerte en la cuneta, podeis hacerlo respondiendo a este mensaje o entrando en el FORO.

20 de octubre de 2007

El Legado de Burelio, 2ª entrega


Aunque los candidatos principales de la encuesta habían sido durante casi dos semanas Le Corbu y Shark, tras una espectacular remontada el vencedor final ha sido Aurelio. Sin embargo, en la clase de esta tarde, 19 de Octubre, nuestro apasionante profesor se ha cargado de un plumazo la polémica encuesta cuando, a los pocos minutos de empezar la clase, fue él mismo quién desveló su nombre artístico: Burelio.


-- El Legado de Burelio --

Clase teórica de construcción, 12 y 19 de Octubre 2007
  • Los ingenieros piensan que son más listos, pero nosotros somos más sensibles.
  • Si te dan un saco de 50 kg y dices "¡Ay!", eso es el esfuerzo.
  • Si tenemos una cuerda que se deforme más allá de la tensión admisible, no nos sirve para hacer puenting, a no ser que lo que queramos sea suicidarnos.
  • Las vigas que se deforman mucho antes de romperse no son cómodas porque al ir del salón a la cocina tenemos que ir sujetando el techo.
  • El acero se deforma como las plastilina, lo que pasa es que no se nota.
  • No busquen otro profesor, conmigo ya tienen bastante.
  • Desde que se inventaron los kilonewton vamos todos de culo. Los inventaron los ingenieros para jodernos a todos.
  • Los noruegos creen que Burelio sabe mucho, porque habla con fontaneros, yesistas, arquitectos... y todos lo entienden. El gobierno quiere que nos traguemos el decreto y seamos tan gilipollas como los noruegos.
  • La norma dice que las bovedillas aguantan 100 kg. Burelio nos dice y recomienda que no andemos nunca por encima de ellas, o nos quedaremos con las patas colgando. "Pisad viguetas, vigas... Bovedillas no, ¡caca!"
  • Las fuerzas pueden ser de dos tipos: perpendiculares, o normales; y tangenciales, o subnormales.
  • Las normas hay que cumplirlas, porque siempre hay algún hijo de puta que querrá denunciarnos.
  • Las normas solo sirven para jodernos. Para nada más.
  • No discutan nunca de urbanística con un abogado.
  • No discutan nunca de estructuras con un Ingeniero de Caminos.
  • 200 kg/m significa que por cada metro hay un gordo 200 kilos. Esto suele cumplirse a raja tabla en Semana Santa.
  • Si no ligas en Semana Santa en Sevilla, es que eres sospechoso.
  • Burelio ha vivido muchos terremotos. Es como cuando coges un edificio y le das un buen meneo.
  • Cuanto más altos y más cabezones seamos, más nos balanceamos en un terremoto.
  • ¿Por qué cuando hay un terremoto en Pakistán mueren miles de personas y, cuando pasa en Japón uno de grado 8, sólo muere una vieja del susto?
  • Los sótanos de las Iglesias hay que calcularlos a impacto, para que al levantar el paso los costaleros no se queden con el suelo al cuello.
  • El ordenador es gilipollas, pero un gilipollas muy rápido.
  • No fiarse del ordenador, no tiene ni puta idea de estructuras.
  • Si un cliente te dice que quites un pilar para poner una columna de mierda, te cagas en su puta madre.
  • Si se pone pesado, llamas a Borcelli para que le haga un estudio por ultrasonidos a la piedra de la dichosa columnita.
  • Si Burelio mira directamente a una piedra con vetas (del tipo jamón vetado con más tocino que otra cosa) la piedra se desintegra instantáneamente.
  • Burelio casi muere al caerle el borrador en el pie.
  • Los voladizos "picha-corta" son los más seguros.
  • Hay que tener mucho cuidado con los voladizos "picha-larga o muy larga, de las que hacen películas porno", ya que al subirnos en ella se puede dar el efecto "rama de árbol endeble", en cuyo caso acabaremos en el suelo.
  • A Burelio le gusta el peinado de la agente Dana Scully (Expediente X).
  • "No sabía que tuviera una voz tan grave una mujer".
  • La mayor zapata es... la del pilar número 5, ¡por el culo te la hinco!
  • Frase del día: "Las normas, como los pecados, cambian con el tiempo".