2 de enero de 2008

Analizando el 2007

Síntesis de 2007


Un año más, y ya se está convirtiendo en tradición, me dispongo a analizar el año que dejamos y a colgarlo en este sitio que, y esto lo digo orgulloso, ya tiene algunos asiduos. Y es que este tercer resumen, por primera vez, tengo la inocente sensación de que lo escribo como escritor. Después de hacerme famoso en la ETSAS por mi obra más leída, “Las enseñanzas del maestro Fríker”, empezar otra serie que, por culpa de las presiones de segundo no está teniendo la continuidad que desearía, “El legado de Burelio”, y sobre todo, después de haber vendido los primeros ejemplares de mi primer libro – gracias a Fernando, Sandra y Jennifer que todavía los están esperando , y sobre todo a Abigail que me alentó a seguir escribiéndolo cuando la presión me hacía pensar en otras cosas, como ahora ocurre con las aventuras de Burelio –, escribo esta síntesis del año con cierto grado de responsabilidad.
Responsabilidad por saber que lo que escribo, será leído, pero una responsabilidad relativa porque sé, de buena mano, que mis lectores lo son porque son amigos míos, son mis amigos porque me conocen, y cualquiera que me conozca sabe que la responsabilidad no es lo que me caracteriza. Por ello, y sin hacer caso a lo que acabo de escribir, pondré en este resumen lo que me de la gana, como siempre he hecho, porque si algo me han dicho mis amigos que quiera respetar, es que nunca cambie, y al ritmo de vida que llevo, creo que no tendré tiempo de cambiar.

Pese a que el año no empezó del todo bien para el que escribe, véase el resumen de 2006, las aguas se apaciguaron pronto: un día de año nuevo durmiendo 20 horas, lo cura todo, y mis problemas no iban a ser menos. Por si acaso, seguí durmiendo al día siguiente, y ahora, justo un año después, me doy cuenta de que fue la mejor decisión que pude tomar en mucho tiempo, pues febrero llegaría pronto. Febrero, mi primer febrero. Y es que, a mis 18 años, aún no había comprendido el significado íntegro de este término, pero 2007 se encargaría de ello. La mayoría de lectores de este blog saben a lo que me refiero. Dejemos atrás esos exámenes de ¿Conocimiento del Medio se llamaba? ¡Qué inocentes…! Dejemos atrás esos exámenes de Bachillerato que, como bien recordará Tomás, preparábamos la noche de antes con una bolsa de gominolas y dos latas de Red Bull… Este febrero era de verdad. El primero. El más violento quizás. El que nos abriría los ojos. Los exámenes llegaron pronto, y pronto tuvimos que olvidarnos de los sobresalientes de antaño, esos que hacían que un 8,9 fuera una total deshonra. Con más pena para unos que para otros, pasó nuestro primer febrero, y a partir de entonces, todo fue más rápido: el invierno terminó, llegó la primavera para pasar fugaz y traernos al verano antes de tiempo, el calor nos amenazaba a vida o muerte mientras vivíamos en la escuela sin otro acompañante que nuestros ordenadores (y ese virus malicioso al que llaman AutoCad, sin el cual ya no sabríamos vivir), las clases en la universidad dejaban de ser algo nuevo para nosotros, y junio cada vez parecía estar más cerca… y más cerca… hasta que llegó. Entonces llegaría la hora de aprender una nueva lección: el 21 de junio llega el verano, pero no las vacaciones. Lejos quedan aquellos días dorados en que nuestros padres iban a recoger nuestros boletines, la vida en la ETSAS no acababa en junio, nos tendrían hasta casi mediados de julio entre exámenes y malos ratos.

Pero tarde o temprano, las vacaciones han de llegar, y esta “forma de vida” que es nuestra escuela, tenía que darnos un respiro, al fin. El verano, tardío, llegó para hacernos ver, que ya nada sería lo mismo. Éramos universitarios, ni siquiera novatos ya. El verano no volvería a ser esa época de tres meses (eso duraban los veranos en la ESO) donde nos olvidáramos de todo, pues la Arquitectura, desde entonces y para siempre, sería un inquilino fijo en nuestra mente, y no sé si me duele o me complace pensar, que también en nuestro corazón. De todas formas, el verano es el verano, y no creo que haya perdido toda su magia, algo le queda. Esta vez, y precisamente aprovechando que soy universitario, conseguí una beca para estudiar en Malta, y además saqué tiempo para hacer otras cosas, ya que estaba allí…

Antes de ir, pensaba que era de mala educación alardear en la cara de los malteses los doce goles que les metimos en el Benito Villamarín, precisamente lo que veo desde mi ventana en mi nuevo hogar, pero pocos minutos después de aterrizar en el Aeropuerto Internacional de Malta, me di cuenta de una cosa: lo que es de mala educación, fue incluirlos en la Unión Europea. Para los que anden algo perdidos en historia, os diré que las islas maltesas fueron colonia inglesa hasta los años 60, y los pobres malteses aún se están recuperando, muy lentamente, del legado que los hooligans les dejaron, consistente en mierda, basura y más mierda.
El país, casi en su totalidad, es un estercolero, a excepción de una pequeña isla, Comino, que casualmente está deshabitada. Por si fuera poco, después de abandonar los ingleses las islas mediterráneas, vino otra plaga, a mi parecer mucho más mortífera: los italianos.

En la actualidad, Malta está repleta de turistas italianos que, exceptuando las pizzas de la “calle de la mierda”, no han traído nada bueno. Sobre la “calle de la mierda”, decir que es la calle más transitada del país, está en pleno centro de San Julians y, para entender lo que digo, teneis que ir. Quizá los dos primeros días, por el mal trato que nos ofreció EF, el calor insoportable y el choque cultural, fueron algo confusos, pero a partir del tercero, cuando aprendimos a movernos por la isla y a regatear con los comerciantes, todo fue como la seda. Fueron tres maravillosas semanas donde, a parte de aprender muchas cosas sobre el idioma y sobre la vida, y esto es lo más importante, conocí a personas maravillosas, gente de toda España que se han convertido en grandísimos amigos. Mi compañero y hermano postizo Javi, que me acompañó en el “level four”, las lameatas Belinda y Tania, que me ofrecieron su habitación cuando mis compañeros me dejaron huérfano, mis compañeros de piso Kevin, Jose, Quique, Juan y Santi, que aguantaron la presión de vivir conmigo “casi” todas las noches, José Javi, que ya me había acompañado en mi anterior aventura a Inglaterra, y que esta vez vino acompañado de Laura, algo que le hizo ganar puntos por supuesto… Y si hablo de Laura no puedo dejar de hablar de Johana, amiga inseparable que tantas lágrimas dejó en Atocha… Pero lágrimas, muchas lágrimas, son las que dejó Elvira antes de partir, además de un bonito recuerdo en nuestros corazones. Y por supuesto, no podía olvidarme de esos personajes tan entrañables y queridos que cada noche me acompañaban a la calle de la mierda, esos que me obligaban a salir cada noche (algo impensable aquí en Sevilla), como fueron Gloria, Vicente, Franchu, Ana, Alicia (esta sí que dejó lagrimas)… Cuántos bailes en el Fuego, cuantos apretujones en el Budha, cuántos viajes a vida o muerte en el autobús, cuántas víctimas a manos de la Viuda Negra… Perdonad, amigos si me olvido algún nombre, que en mi corazón estais todos y mi mente no está para tanto.

Tres semanas dieron para mucho, pero todo se acaba y, como siempre, al acabar nos parece corto. Acabó el viaje, acabó el verano, y nos tocó regresar, ya como veteranos, a nuestra amada ETSA. Septiembre había llegado, y tras algunos exámenes, para los que por supuesto Malta había sido una mala influencia, llegó de nuevo la rutina de las clases hasta las diez de la noche, y descubrimos nuevos talentos, nuevos personajes como Cascales, Martel o el propio Burelio, estrella del firmamento de profesores de este nuevo curso, sin olvidar a nuestros queridísimos y tan poco exitosos en ventas, profesores de urbanística.

Sin embargo, y en contra de lo que creíamos al llegar septiembre, la rutina no llegaría aún, sucediéndose una oleada de protestas y manifestaciones contra el ya famoso plan de Bolonia, que tantas pancartas nos ha hecho dibujar, como buenos arquitectos. Viajes a Madrid, dolores de culo, sentadas en la Palmera… todo para conseguir, una vez más, que la vida siga igual que siempre, y que sigan siendo los poderosos los que dicten nuestro porvenir. Porvenir que, como ya publiqué hace tiempo en este blog, nos jugamos durante el viaje a Mourão.
Los fines de semana, y aunque mis compañeros arquitectos no podáis creerlo, también tengo vida, un vida alternativa, que se sucede entre ensayos con mi banda y horas de AutoCad en el sofá de mi casa. Además, en este 2007 me han convertido en presidente, nada más y nada menos, de la charanga Juntos pero no Revueltos, que desde aquí promociono. Es un honor chicos, gracias por endulzarme la vida con vuestra melodía cada fin de semana.

En el mundo, la vida tampoco ha cambiado demasiado. Las guerras continúan, además son las mismas siempre, la vida sigue amenazando con acabarse un día de éstos, el terrorismo sigue acechando, los gobiernos siguen prometiendo, y el Betis sigue en puestos de descenso (aunque, al igual que el planeta, sigue resistiendo).
Nuestro “excelentísimo” rey de España (otro que no se va por mucho que insistamos) tampoco olvidará este año donde cazó osos borrachos, mandó callar a Hugo Chávez , y contempló como ardían sus fotos en Cataluña, entre otras cosas así de divertidas. El Jueves, revista inspiradora donde las haya, fue secuestrado por sacar apuntes del natural de los principitos, y la infanta se ha separado (o distanciado, como dicen en la prensa).

Pero este año, también ha puesto fin a muchas cosas, buenas y malas. La peor, sobre todo para Torrente, es que ha puesto fin a la vida del Fary, el Dios de su santa religión, además de otros famosos que marcaron época, como Fernán-Gómez o Antonio Puerta. Lo bueno es que este año ha puesto fin a Harry Potter, que parece que no va a sacar más libros, a la racha impecable del Sevilla (sí, mejor equipo de 2007, según una asociación de drogadictos con dinero) y, en el último mes, parece haber puesto también fin a la oscura racha por la que pasaba el Real Betis Balompié gracias a la llegada de Paco Chaparro, nuestro salvador.

Y poniendo fin a las cosas, porque todas deben tenerlo, pongo yo fin a este resumen, deseando a todos los que hayáis tenido paciencia para leerlo, que en este nuevo año se cumplan algunos de vuestros deseos, nunca todos, porque el día que se cumplan todos no tendrá sentido escribir estas cosas, y sobre todo, que intentéis ser felices.
Con esto y un bizcocho, feliz 2008

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